El presente artículo, constituye la irrupción, comprensión e incidencia del pensamiento venezolano en la actualidad sobre el comportamiento organizacional, donde la gerencia estratégica del presente y del futuro próximo, consciente de su necesidad de transformación en la estructura de su capital humano, requiere introducir la influencia de la cosmovisión propia del siglo XXI en el modo de conducir de manera más eficaz, eficiente y efectiva las operaciones y la productividad del empresariado y los negocios que abarcan, cónsonos con las fuerzas y dinámicas que se generan en el entorno, de manera que se pueda garantizar una competitividad acorde al fortalecimiento geopolítico, geoeconómico y geoestratégico que impulsa el mercado nacional e internacional.
Estos criterios que orientan el sentido aquí expuesto para gerenciar estratégicamente el capital humano, precisan de algunos aspectos sustentados sobre una base epistemológica que busca romper paradigmas a propósito de dar respuesta a los cambios políticos, económicos, sociales, tecnológicos y culturales mediante la participación protagónica de los individuos en aras de alcanzar el bienestar del colectivo.
El aporte fundamental de este artículo en el contexto académico, está dado en el plexo que se origina con el enlace conformado por el trinomio cuyas aristas son el capital humano como eje central y no como periferia, su participación como individuo y profesional en el campo laboral y la inserción de los dispositivos necesarios que requiere el empresariado para gerenciar a dicho colectivo, acordes a las nuevas realidades tanto internas como externas que demandan transformaciones interdisciplinarias a propósito de garantizar los objetivos que demandan la existencia de una estructura organizacional de semejante magnitud y funciones.
Resumen.
El presente artículo es el resultado del estudio para el manejo de la complejidad que se maneja hoy en día dentro de las organizaciones propias del empresariado venezolano, donde se demuestra en principio que la resistencia de países como Venezuela a modelos gerenciales existentes e intereses estratégicos creados, dan cabida a una nueva realidad, a un nuevo pensamiento, que ha desplazado al ser humano hacia el centro como eje fundamental y no de mantenerlo en la periferia como elemento secundario; así mismo, se resalta que la productividad y los objetivos organizacionales ocuparon la prioridad sin considerar el valor fundamental que representa el individuo y los intereses de la colectividad, todo ello sustentado en la tendencia de las bases epistemológicas actuales que respaldan la visión sistémica para la nueva gerencia estratégica del capital humano en la que se requieren profundas transformaciones interdisciplinarias, nuevas formas de interrelación y atención apropiada del personal, conllevando a una gerencia participativa, dinámica y competitiva, cuyas aristas la conforman el liderazgo, la comunicación organizacional, la capacidad de autogestión, el fortalecimiento de las potencialidades y el adecuado uso de la tecnología, mediante el trinomio conformado por la gerencia del dominio asignada a los individuos, la gerencia del enfoque reduciendo tiempos y desperdicios y, la gerencia de apoyo para alcanzar la satisfacción individual-profesional, buscando que la gerencia moderna no tenga que forzar a las personas ni a la organización para lograr el cambio requerido.
Palabras Claves: Epistemología, complejidad, transformaciones, gerencia de poder, gerencia de perspectiva, gerencia de pivote.
Consideraciones preliminares.
En el pensamiento estratégico venezolano, la agenda de debates del empresariado ha estado fuertemente incidida por las exigencias del Estado hacia una transición sustentada en una democracia participativa propia del siglo XXI. La vieja polaridad existente en el mundo se ha alterado y aun, cuando el subdesarrollo sigue siendo el mismo, la redistribución de los espacios mundiales demarcan más bien la dicotomía norte –sur, donde el problema de la pobreza tiene una particular relevancia al exacerbar la desigualdad interna entre los esquemas distributivos de la riqueza.
La economía periférica, particularmente en Venezuela, ha sido históricamente un espacio subordinado donde los intereses de algunos entes han expandido sus fronteras de mercado, colocando al ser humano, al venezolano, como ente secundario, lo que ha generado una lógica obligante basada en la resistencia, conllevando a que sean desterradas grandes corporaciones extranjeras y asumiendo un nuevo rol en el campo de la atención de esta, nuestra sociedad. En tal sentido, el paradigma existente obliga a una revisión del mismo y a generar bases racionales, sustentadas en la lógica que concibe al ser humano como centro y no periferia, buscando alcanzar la mayor satisfacción posible del colectivo.
El empresariado venezolano, producto de los cambios y transformaciones que se han dado, requiere plantear reformas en torno a la gerencia estratégica de su capital humano, considerando todos y cada uno de los parámetros necesarios, en el que se demandan actitudes y pensamientos, compromisos y corresponsabilidades, que se concentran a propósito de garantizar una competitividad organizacional efectiva, eficaz y eficiente, con la mayor satisfacción y bienestar del capital humano a través de una interrelación más acorde a las exigencias y dinámicas del entorno.
En principio se abordará la transición de Venezuela y su entorno, para entrar luego al estudio de los retos y dificultades que afronta el empresariado actualmente, lo cual da cabida a la gerencia estratégica del capital humano enfocada desde tres aristas, para arribar finalmente a las conclusiones del artículo.
Transición en Venezuela y su entorno.
Desde hace una década se vive un cambio de época en Venezuela y algunos de los países propios del continente. El proceso de tomar su propio destino ha avanzado axiológica y escalonadamente en la conciencia del pueblo, luego de largos años de pérdida de autodeterminación, generando transformaciones que desplazan de la periferia hacia el centro al sujeto colectivo que construye su propio futuro. El crecimiento y la acumulación como norte fundamental de los centros financieros en los países del sur y sus adyacentes, comenzaron a sufrir fuertes sacudidas. En Venezuela, se inició un proceso de profundas transformaciones socio-políticas que irrumpieron el sistema existente, naciendo un modelo que de por si es claro y enfático, al colocar al ser humano como centro de la economía y no como factor secundario, generando que otros pueblos, otros países, se sumen al proceso de cambio construyendo lazos solidarios.
En este proceso de globalización en conjunción con los grandes problemas de inseguridad, intereses y avances tecnológicos, Venezuela y los países de América Latina se han convertido en un eslabón débil, de alta dependencia y desplazamiento, cuya tendencia se ha incrementado en los últimos veinte años, resaltando el agotamiento y el fracaso de las políticas económicas establecidas en el continente. A partir de ahí, la resistencia puesta de manifiesto por las clases sociales, acumuló la fuerza necesaria para luchar en contra de estas políticas, provocando sensibles rupturas. Esta transformación del ámbito político en el proceso global de la economía, se da exclusivamente en Venezuela, siguiéndole algunos países de América Latina.
Francois Houtart ha señalado que lo anteriormente escrito es una clara demostración del traspaso de una humana y natural resistencia a la ofensiva, ya que la gran mayoría de las clases sociales existentes perciben una agresión en el campo socio-económico, tal como lo fueron tanto los tigres asiáticos como los países de esa región al percibir el modelo en principio como una oportunidad. El desarrollo de países pequeños en tamaño pero grandes en industrialización como lo son Corea del Sur, Taiwán y Singapur, se debió a políticas que Estados Unidos apoyó para detener la extensión comunista de China y Vietnam. En su análisis, Claudio Katz, ha señalado que América latina ocupa un lugar periférico en la estructura global de la economía de donde Venezuela no escapa, pero también hace hincapié, que el continente cuenta con sólidos recursos para desconectarse e iniciar un proceso de gerencia estratégica actualizada, ya que se consolida con la existencia de tierras fértiles, yacimientos minerales, cuencas hídricas, riquezas energéticas y basamentos industriales.
El problema que allí radica, es el desaprovechamiento de las potencialidades, producto de nuestra idiosincrasia, nuestra cultura, que se traduce en la forma singular de gerenciar nuestro capital humano, cuyo piso epistemológico resalta la subestimación de nuestras propias capacidades resaltando a priori las de otros países a quienes se les da cabida para explotar nuestros propios recursos en nuestras propias tierras, siendo utilizado el capital humano nativo y doliente para actividades secundarias, lo que incide en el debilitamiento de nuestra propia integridad territorial. No hay carencia de ahorro local, sino excesivas transferencias a las economías centrales, retraso agrario, baja productividad industrial y estrechez del poder adquisitivo, lo que ha conducido además de la pobreza, a una escandalosa desigualdad social. De allí se destaca la tendencia obligante a enlazar la gerencia estratégica de nuestros propios recursos haciendo uso de la transdisciplina en el capital humano que disponemos.
Gerencia estratégica en Venezuela: retos y dificultades.
En tiempo relativamente corto, el empresariado venezolano ha recorrido un trecho significativo en un campo difícil como lo es el manejarse a propósito de lograr sobrevivir y mantenerse competitivo en su área dentro del contexto político actual. Así lo señala Michael Lebowitz, al exacerbar la posición naciente de una nueva oligarquía y la existencia de masas excluidas y/o explotadas.
Es necesario comenzar por reconocer el esfuerzo que han realizado las empresas por brindar un cambio sensible sobre el rol del talento humano como horizonte, proyecto y camino hacia el futuro. Se trata de un cambio humanista que pone a las personas, y no al mercado o el Estado, por encima de todo. Este rol fundamenta al proyecto de cambios en una recuperación del papel estratégico del Estado y del empresariado venezolano en el contexto de la economía y la reivindicación de los excluidos gracias a la transferencia del poder (toma de decisiones – empowerment).
En el pasado inmediato, en vez de darse un proceso en el cual el talento humano se transformaba en la producción mediante el proceso de la autogestión, más bien ha sido dominado a través de patrones jerárquicos de las empresas donde se mantenía una tendencia orientada al individualismo de la sociedad, encerrando a los trabajadores en un círculo que les confiere a través de lo que llaman competitividad, el rol de adversarios. Esto es la funcionalidad propia de la visión mecanicista, lo cual ha tendido a cambios basados en la visión integral de la organización.
Esta coyuntura demuestra en los actuales momentos, que la conducción del talento humano tiene actuación en los grupos sociales para ganarlos hacia sus objetivos, logrando acentuar la polarización entre los caracteres ideológicos y las clases existentes. Hemos podido visualizar que la gerencia estratégica del empresariado pareciese tener una radicalidad genérica, lo cual no es cierto, ya que esta incluye una alianza que actúa como un factor de apoyo para el desarrollo de una economía endógena, donde ni el Estado ni las economías populares están aun en capacidad de tomar en sus manos el manejo total de la economía venezolana, es decir, que el país avanza en un enfrentamiento entre clientes y oponentes como parte de la cultura en el marco de un proceso modernizador. Así mismo, se prevé incrementar la interrelación de las organizaciones con el entorno, lo que permite manejar todas y cada una de las fuerzas centrípetas y centrifugas propias de las organizaciones y de los aconteceres externos que ocurren, debiendo moldear y ajustar de manera flexible todas sus estructuras funcionales, haciendo énfasis particular en el capital humano, lo cual constituiría de acuerdo a Morín, el trinomio de la gerencia estratégica para el dominio, enfoque y apoyo.
La referencia antropológica de este proceso gerencial estratégico, modernizado y acoplado a la realidad venezolana del siglo XXI, tiene la promesa de lograr que las personas controlen sus existencias a través de formas decisivas que se construyen de las tramas sociales básicas, es decir, que las personas puedan desarrollar su propio poder-hacer. Esta lógica reniega totalmente la subjetividad a la que estaba acostumbrado el ser humano dentro de los esquemas anteriores; más bien, se busca que la vida de estos sea envuelta en un marco de desarrollo integral en provecho social y no individual. En los avances importantes del empresariado venezolano, existen pilares que sostienen la inclusión de todos los entes capacitados, la recuperación de la dignidad y la visibilidad de los excluidos.
Esta flexibilización, amplitud de criterios e incentivo al crecimiento tanto personal como organizacional, requiere también el aporte ineludible y sustentado de cada uno de los hombres y mujeres que forman parte de la organización, por lo que ello representa un marco de desarrollo y crecimiento bidireccional (talento humano – organizaciones). Sin embargo, ello genera también una alerta, dado que se requiere que cada uno de los entes posea un verdadero nivel de preparación, capacitación y adoctrinamiento, que permita además de liderizar a las personas, obtener sólidos y cónsonos resultados que se reviertan en la organización de la cual se forma parte activa.
En la modernidad, también las organizaciones además del modelo de funcionalidad económico, se recrean en el uso de la tecnología (metáfora de la máquina). Ello se refleja en la búsqueda de conceptos universales que expliquen cómo funcionan las cosas, en el pensamiento dicotómico y excluyente, en la ausencia de interconexiones de los distintos problemas que aquejan al hombre actual, lo cual obstaculiza la posibilidad de apreciar las consecuencias a largo plazo de las decisiones tomadas y el impacto de las mismas que comprometen las oportunidades de las generaciones futuras en lo político, social, económico, ambiental, militar, cultural y geográfico, es decir, en los siete ámbitos del interés nacional venezolano.
Desde la arista de este investigador, siglos de gestación del paradigma antes mencionado, imponen una especie de tiranía en los modelos de abordaje de la realidad, en lo que debe ser considerado como objeto de estudio. La realidad histórica habla por sí sola, donde el énfasis no recae sobre los componentes que forman parte del conjunto, sino más bien sobre los principios de organización de dicho conjunto. Ello permite cristalizar de acuerdo a la visión de Capra, la concepción sistémica como base del pensamiento, que se sustenta en una epísteme de comprensión del mundo, en el que se requieren dos acciones principales: la delimitación arbitraria y la aleatoria, de fronteras a través de las cuales puede precisarse el objeto de estudio en la compleja red de sistemas a los cuales pertenece y, la acción activa en la identificación de patrones o construcción del objeto.
El pensar bajo una arista sistémica implica ubicar el objeto de estudio en un contexto y al mismo tiempo pensarlo en términos de flujos o procesos. Esto ha obligado al abordaje de todos los elementos que se correlacionan en cada uno de los procesos, lo que habilita un cambio de enfoque e introduce una visión holística con su respectiva y a veces particular epísteme. De allí, que lo holístico concibe a las organizaciones como un todo funcional que comprende obligatoriamente la interdependencia de sus partes, así como el plexo de relaciones que en su forma original concibe a las organizaciones rígidas y verticales, sin embargo, los modelos actuales transforman esa red en un tejido escalonado de flexible, incluyente y coexistente perspectiva, que abordan los contextos político, social, cultural, económico y ecológico (sistema vida/humano/naturaleza/planeta).
Mariño Díaz, hace referencia al abordaje gnoseológico que se utiliza hoy por hoy en la funcionalidad organizacional, donde cada uno de los seres humanos que labora a propósito de alcanzar el mejor cumplimiento de la misión dada, reclama la deconstrucción y construcción del andamio que concibió a la misma organización desde el punto de vista lógico, epistemológico y metodológico. En este sentido, el pensamiento organizativo y los modos de producción del capital humano en el empresariado venezolano, obligan a realizar revisiones y evaluaciones que apuntan en principio hacia dos plexos fundamentales: el primero hacia el modo en que puede organizarse un grupo de personas para alcanzar las metas previstas y el segundo, hacia la realidad pragmática con el que se maneja el quehacer administrativo. La concepción de la organización como máquina se vio expresada en las organizaciones jerarquizadas y tuvo su máximo exponente en las estructuras burocráticas.
Esta última se ha regido en el pasado como un dispositivo propio de la organización con funcionalidad mecánica, mediante la cual la rutinización de los procesos administrativos, han buscado asegurar precisión, claridad, regularidad, velocidad y eficiencia de las tareas alcanzables por el capital humano. Estas se hicieron acompañar por principios establecidos por Fayol, Taylor, Mooney y Urwick, quienes expresaron unidad de mando, encadenamiento escalar, dispersión del control, staff y línea, división del trabajo, autoridad y responsabilidad, disciplina, subordinación de los intereses particulares a los generales y espíritu colectivo .
La separación obligante entre el uso de las manos y el cerebro, es decir, los que piensan y los que hacen, es decir, lo que llamamos “mano de obra” se hizo en el tiempo por demás elocuente. De allí, que se produjo una escisión entre el hombre y el trabajo, un quiebre entre las tareas, las metas, el sentido del trabajo y sus conexiones con lo personal, emocional, social, espiritual, ético y estético. La organización que funcionó de esa manera mecánica, desnaturalizó el trabajo como actividad del capital humano. Ante esta anormalidad, se requiere acoplar de manera sistemática su funcionalidad gerencial, tomando en consideración a todos y cada uno de los hombres y mujeres que forman parte de la organización, al asumir con toda responsabilidad el principio fundamental donde el capital humano se concibe como centro fundamental y no como periferia, siendo su esencia, su naturaleza, con sus virtudes, capacidades y potencialidades, quien conforma y da vida a la funcionalidad del sistema vivo organizacional, existiendo en un medio ambiente multiplural, que requiere de la más elevada capacidad física, mental y espiritual, del cual depende el hombre para satisfacer sus necesidades.
Este ambiente estratégico que el empresariado venezolano debe procrear, conlleva al trabajo gerencial sobre la búsqueda de relaciones entre lo que significa la productividad y la satisfacción que genera esta, en la importancia que revisten los grupos informales, en la comunicación vertical y horizontal de la organización, en los procesos de liderazgo motivacional a propósito de alcanzar el más elevado nivel de satisfacción. Por ello, la gerencia estratégica debe hacer hincapié en el entorno sobre el cual se desenvuelve, es decir, no puede aislarse del comportamiento que tienen las variables cuya incidencia pueden afectar el funcionamiento adecuado de la organización, lo cual hace más complejo el entramado relacional, al generar multidireccionalidades motrices o dependientes de organizaciones externas o internas, así como de políticas, estrategias y acciones que se generan en aras de fortalecer el contexto geopolítico, geoeconómico y geoestratégico.
Esta dinámica que caracteriza hoy por hoy a la gerencia estratégica de las organizaciones, quiebra el pensamiento burocrático que existió, obligando a profundas revisiones y adaptaciones a ese entorno que es elemento de enlace que respira el empresariado venezolano y se concatena con el ambiente externo. Ahora bien, adaptarse a ese entorno, implica ubicarse en un contexto de interrelaciones de la cual es parte y, asegurar relaciones internas apropiadas que lo hagan viable. Es allí donde estiba la médula espinal de la acción gerencial, donde la evolución implica la sobrevivencia de los más aptos.
A medida que se visualice como discurre la revolución de las comunicaciones y la tecnología de la información haciendo un uso apropiado de ellas, se podrá medir el impacto que se origina a través del accionar gerencial sobre el capital humano de las organizaciones y, los modos de producción, que permitirán concebir a la organización como un complejo sistema de interacciones con capacidad de responder eficaz, eficiente y efectivamente a las exigencias del entorno, además de su capacidad de organizarse y reorganizarse en aras de atender los cambios suscitados.
Materializar la funcionalidad de la organización bajo el contexto anteriormente mencionado, gerenciando al capital humano con capacidad de auto regeneración de ser necesario, en la que cada una de las partes registre y contenga la información del todo organizacional, coexistiendo en forma simultánea tanto en las áreas de especialidad como generalización, supone una conectividad permanente, que permite adaptar con la mayor flexibilidad a la organización dentro de las realidades que ameriten su ajuste a las necesidades. Ello requiere que se diseñen cuatro principios que faciliten el proceso gerencial del capital humano, considerando como variable sinequanon la centricidad del capital humano: la variedad interna de la organización en razón de las exigencias y la demanda, la cual debe coincidir con la del entorno incluyendo su complejidad; las condiciones de permisividad que preserven la flexibilidad de ajustar la organización a la dinámica existente considerando las fuerzas centrifugas y centrípetas proclives a generar transformaciones; todas y cada una de las funciones que permitan la reconstrucción del todo en sus partes con base a una adecuada conectividad de sus miembros en equipos con alto desempeño, donde el liderazgo debe estar distribuido con la cultura del compromiso y la corresponsabilidad y, la tan escuchada frase de aprender a aprender como la habilidad de asimilar los procesos de aprendizaje que demanda el entorno, por lo que se requiere en esencia gerenciar ampliamente el conocimiento.
Al mencionar la base que se requiere para moldear la gerencia estratégica de las organizaciones y su capital humano, se estableció un trinomio cuya combinatoria permitiría moldear, acrecentar y mantener competitiva una organización. En este sentido, la gerencia estratégica busca la armonía entre los distintos deseos y perspectivas de todo el capital humano de la organización. Llevar a cabo esta tarea implica diseñar una red de objetivos comunes que orientaría los esfuerzos individuales y colectivos. De lograr la gerencia alcanzar esta meta, se estaría laborando de manera de poder unificar a los individuos sin mermar su individualidad, es decir, no se estaría generando ningún malestar en el individuo ni en el colectivo, al forzarlo a ir en contra de su voluntad por el solo hecho de garantizar su permanencia en la estructura organizativa, ya que se estaría en principio combinando los intereses con los deseos de las personas y del grupo, contemplando por supuesto, antropologías cuya plataforma arrojen directrices mutuamente beneficiosas.
Los principios y directrices establecidos tienen que ir obligatoriamente de acciones muy concisas, simples pero poderosas, que no se presten a dualidades interpretativas y, que generen un ambiente de autogestión escalonado y sistemático. Por otra parte, la gerencia del dominio que se le otorgaría a cada uno de los hombres y mujeres que forman parte de la organización, suena en principio un tanto peligrosa, sin embargo, ello le permitiría a los individuos la libertad de trabajar y actuar dentro de los principios claros y concisos de la organización. Ello significaría conceder la libertad de influir, determinar las acciones y los resultados esperados. Esto conlleva a que los individuos y grupos adquieren el máximo dominio (por supuesto, dentro de las capacidades comprobadas de cada individuo) para orientar ese poder en beneficio del colectivo y no del individuo de manera unilateral.
Es allí donde la eficacia del gerente depende de su integridad, de su competencia y capacidad para inspirar confianza, lo cual se traduce de manera simple y singular en el ejercicio del liderazgo. Alcanzar esta meta implica que los intereses y deseos de ese líder deben armonizar con el objetivo común de la organización y así lograr que su influencia penetre ampliamente en la mente y corazones del capital humano, generando un ambiente de mutua confianza, factor sinequanon requerido. La libertad de trabajo va en correspondencia con la responsabilidad que deben tener todos los individuos de trabajar basados en principios centrales, que no interrumpan el crecimiento de las personas, ni de las estructuras, ni de los procesos que se adopten para alcanzar los objetivos establecidos. Esto es alimentar y fortalecer la autogestión que debería establecerse en el capital humano del empresariado venezolano.
También, la combinación gerencial con la de soporte sobre el capital humano es una excelente estrategia, considerando que esta implica nutrir las relaciones propias de la organización con miras a que los individuos logren alcanzar niveles máximos de desempeño mediante las cuales trabajadores y gerentes armonicen perspectivas, distribuyan el poder de acciones y contribuyan a que cada uno alcance su plenitud a voluntad. Esta forma de gerenciar, permite obtener la lealtad y satisfacción, gozando del respeto tanto interno como del entorno y las comunidades. Ello permite que los trabajadores sean tratados como seres humanos bien diferenciados, los cuales conllevan a una gerencia eficaz por principio y aunque se hable de un colectivo, implica también una combinatoria para atender a cada persona. En pocas palabras, la gerencia estratégica del capital humano debe conllevar a convocar y no a presionar, a inspirar y no ordenar, a que los individuos crean en sus propias metas alcanzables y exigentes, apoyados en su propia iniciativa y experiencia, en lugar de hacerlo siguiendo recetas o prescripciones de carácter restringido por parte de la alta gerencia.
Llevar a cabo estas tareas, además de requerir dedicación y tiempo, debe también sensibilizar a los gerentes, a propósito de comprender la dificultad de adoptar una mentalidad combinatoria, por lo que se debe medir con mucho cuidado y precisión el no comprometer el éxito futuro de la organización, la necesidad de actuar con libertad y la integridad de cada uno de los individuos; así mismo, se debe comprender y transmitir con mucha precisión el uso de dicha libertad y su ruptura al entrar dentro del campo del abuso en su aplicación.
Conclusiones
Las organizaciones no cambian a menos que los individuos deseen, sientan y decidan realmente cambiar. Esta es la base fundamental de transformación estratégica sobre la cual el empresariado venezolano debe alinearse con racionalidad renovadora.
Los gerentes no deben forzar a los individuos de la organización para lograr el cambio deseado, deben sustentar como pilar fundamental el liderazgo que conlleve al compromiso, la corresponsabilidad y libertad de acción bien entendida.
La visión estratégica de cada uno de los individuos de la organización, debe lograrse mediante un conjunto de principios y prácticas provenientes de todos y cada uno de ellos, quedando abierta la sensibilización del gerente ante este cambio paradigmático, que daría un giro y apertura a las oportunidades para propiciar cambios enriquecedores.
La actividad gerencial como producto de la formación del individuo en la organización, debe aprovecharse para la crítica, reflexión, construcción y fortalecimiento del liderazgo requerido y, en la medida que el impacto de dicha gerencia sobre el capital humano sea asimilado y puesto en práctica, se irán instalando escalonada y sistemáticamente formas más estables de construcción racional, configuraciones discursivas permanentes y espacios societales mas orgánicos, que permitirán apostar también a la tangibilidad de la experiencia de cada uno de los individuos que forman parte de la organización.
José Chachati
BIBLIOGRAFIA
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Morin, Edgar. (1998) “Epistemología de la complejidad”.
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